Carta Sr. Obispo
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Conoce la carta que el Sr. Obispo Gustavo Vega envio a la Compañia Maria Nazareth.

 

Mty., N. L., 29 de septiembre 2004.

 

 

“Mujer, no llores”, le dijo Jesús a la viuda de Naím que se dirigía a sepultar a su único hijo; y luego dirigiéndose al joven, Jesús le dijo: “Joven, a ti te lo digo, levántate” (Cfr. Lc. 7, 11-17). Hoy en día, esa mujer del Evangelio, sin nombre, es cada madre que llora por la muerte de sus hijos, la muerte física o la muerte moral. Muchos jóvenes, sin nombre, como el joven del Evangelio, el día de hoy ambulan por nuestras calles y ciudades como muertos en vida. Son jóvenes que viven en la pobreza, quizá en la calle, jóvenes que no han conocido el amor ni el calor de un hogar, el calor de una familia unida. Jóvenes tal vez ya convertidos en delincuentes, perseguidos y temidos.

 

Esa madre que llora y sufre por sus hijos, niños y jóvenes muertos en vida, es también nuestra Madre la Iglesia, a quien Jesús hoy en día no quiere consolar, sino que la quiere retar para que ella rescate a sus hijos perdidos y los devuelva a la vida. Con el poder de Cristo, Cabeza de la Iglesia, ella tiene autoridad, misión y amor suficiente para ir en busca de sus hijos. La voz de la Iglesia es la voz de Cristo llamando a los jóvenes a la vida.

 

Desde hace algunos años la Madre Guillermina Burciaga y un grupo de jóvenes religiosas han escuchado el llamado del Señor para una vocación muy específica: ser la voz de la iglesia, ser la voz del mismo Cristo diciendo: “Joven, a ti te lo digo, levántate”.

 

Cuando los Obispos Latinoamericanos reunidos en Puebla, en 1979, se disponían a iniciar la tercera Conferencia del Episcopado Latinoamericano, ya tenían una ruta por donde caminar en sus reflexiones y sus orientaciones para la pastoral de toda la Iglesia Latinoamericana. Ellos de antemano estaban dispuestos a hacer la opción preferencial por los pobres. Pero el Santo Padre, el Papa Juan Pablo II, en su discurso inaugural de Puebla, les presentó otras dos opciones pastorales: por los jóvenes y las familias.

 

Y ¿ por qué no conjuntar las tres opciones ? ¿ por qué no optar por los jóvenes de las familias pobres ?

 

Con una gran fe, puesta en el poder de Dios; con una gran esperanza, puesta en la grandeza espiritual en cada joven que, aún sin saberlo, es una imagen viva de Dios, su Padre; y con una gran caridad hacia ellos, que brota de reconocer a Cristo encarnado en ellos, las Hermanas de la Compañía María de Nazareth, evangelizan a los “chavos banda” con el Programa de Apoyo a los Grupos de las Esquinas (PAGE).

 

Quiera Dios nuestro Padre seguir bendiciendo a la Compañía María de Nazareth y, por su medio, bendecir a muchos “chavos banda”. Quiera el Señor seguir suscitando muchas iniciativas como esta a favor de los que menos cuentan en mundo.

 

 

+ Obispo Auxiliar D. Gustavo Rodríguez Vega