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EN LAS BANDAS

 

 Cuando uno tiene pensado cosas chidas en la vida de morro siempre hay algo por qué decidirse.

 

Todo empieza cuando yo tenía doce años. Como en cualquier cantón surgen problemas familiares, tal como pasó en el mío por causa de mi padre que le gustaba la cheve, y esto terminó por separar a mis jefes.

 

Es cuando empieza tomo mi cotorreo. Mis carnales y yo nos quedamos con mi jefa y ya no había nadie quién nos levantará la voz cuando uno de nosotros la regábamos. Recuerdo que por la esquina del cantón se juntaban unos batos que siempre vestían bien. Fue cuando me entró la espinita de ser como ellos.

 

Había tantos batos así, que la gente al momento de pasar por la esquina les tenía miedo y les sacaba la vuelta, bien cabreados. Fue cuando yo decidí juntar unos morros de mi camada para hacer nuestra propia banda, los “tercos” y los “maldoso”. Principió con morros con problemas familiares que lo único que buscaban era estar en la calle, porque en la casa de ellos había puras broncas.

 

Así empecé yo a liderear una banda de pocos, pero nuestro nombre comenzó a sonar. Recuerdo que vivimos broncas gruesas porque empezábamos a ser banda gruesa, siendo nuestra meta ser como los batos más grandes. Recuerdo que andábamos en una colonia cercana y se hizo una bronca y como todo morro principiante me tocó la de perder, porque ahí me pusieron un tubazo en la frente, me rasgaron bien gacho una ceja y se me miraba el ojo por dentro y la poca gente que me miro decía “antes no te sacaron el ojo”, y ese madrazo me dio para crecerme más en el mudo del desmadre. Para entonces yo ya había concebido mi meta, la de llegar a la banda grande, la del barrio: y como a todo bato me pusieron apodo “el Rollo”. Fue entonces cuando saqué una fusca que mi jefe me había dejado, y empecé a sonar un poco más, y mi única meta era darme a conocer por todo el barrio y CD. Guadalupe. Para entonces yo ya era loco y le ponía al thiner y cemento, y bajo la dosis, por dentro me sentía bien machín.

 

Cada persona que pasaba por el barrio era atracada por la banda para sacar más para la droga; yo ya había llegado demasiado alto y mi apodo empezaba a sonar por muchas partes, y también en el del barrio “los cholos”; le pusimos así para darnos a conocer más en el mundo del desmadre. Esto fue lo que me impulsó más a la loquera y a sentirme al nivel de todos los demás.

 

 A mi corta edad viví lo que eran las broncas gachas por donde quiera que andaba. Hubo un día que nos topamos a tres batos de la Fome 7 y les pusimos una de aquellas machín; agarré un bato del pelo y lo aventé a una puerta de carro que estaba ahí, pegó en el vidrio y el bato lo quebró, mientras los otros batos gritaban de la madriza que les estábamos dando. Total, nos vinimos al barrio, cuando de repente llegaron los otros, más o menos como unos cincuenta. Nosotros estábamos en un cantón adentro, y unos compas que iban saliendo no llegaron ni a la puerta porque eran un montón de batos empezaron a aventar piedras para adentro, y mis compas del barrio se quedaron tirados todos masacrados ahí, a los pies de nosotros.

 

Llegó el momento de salirnos todos y empezó una guerra entre bandas bien machín en un campo de fútbol que utilizábamos; nosotros éramos un puño machín, los batos corrieron y uno se metió debajo de un carro y a uno de ellos lo saqué y le puse dos diablazos en el pecho, mientras la banda se daba gusto golpeando a los demás. Las broncas con estos batos ya eran de muerte; y otra de ellas fue cuando en el barrio había un baile en el terreno de los “choclos”, otros batos con los que apenas nos acabábamos de aventar un tiro, cuando llegó un bato de una banda de Fome 7, pidiendo un paro contra otra banda y, tanto era el odio hacia ellos que dijimos que sí, y eso fue como bien chido, porque para esa bronca bajita la mano eramos como doscientos cincuenta locos, y la única meta era desaparecer a esos batos. De repente salen por todas las calles cholos, choclos, vagos, perros, los del tanque y muchos más. Llegamos al punto y no había nadie, los batos ya sabían; de pronto salió una camioneta con tres y sobre ellos; a esos batos les llovió de todo, dejando la camioneta sin nada y con muchos agujeros por todas partes y dejando a los batos en el hospital por un tiempo. Otra de muchas broncas fue cuando había un baile en la casa de un compa del barrio, y pasando por el campo ví a las cholas aventándose un tiro con unos batos, y tirado un compa con cuatro diablazos en el pecho y varios piquetes en el cuerpo, y oí un chiflido de la banda de las morras que me decían “sobres”, yo le dije a la morra que iba conmigo que fuera por toda la banda que estaban en el baile, mientras que yo con el cuete en la mano nos defendíamos de aquella guerra que empezaba. Cuando llegó toda la banda empezaban a caer batos por la calle, todos ensangrentados, y las casas sin vidrios y apedreadas por donde quiera que íbamos pasando; peno a nosotros no nos importaba nada, si a los batos los matábamos para nosotros era mejor.

 

En la secundaria del barrio pasaba lo mismo por que ahí era zona de nosotros y hacíamos lo que nos daba gusto. Nos brincábamos a quitarles el dinero a los estudiantes con navaja en mano, a quitar los estéreos de los carros de los maestros, y nadie nos decía nada, porque incluso ni la policía se paraba enfrente de nosotros, porque siempre la llevaban de perder; pero a nosotros no nos importaba la hora ni el día para seguir con los atracos: siempre metían a varios estudiantes golpeados y sin sus pertenencias porque pasaban por la báscula de todos nosotros.

 

Los días iban pasando y yo seguía tomando más fuerza, pero también a veces ganaba o perdía; total, muchas veces cuando más confiado andaba pasaban cosas que no esperaba. Eso pasó cuando andando bien loco estaba con un camarada, y el bato fue a tirar el agua y yo me quedé solo, sentado a la orilla de un cordón; de repente siento una pistola en la cabeza y diciendo “ya te llevó la fregada”. Yo pensé que el camarada, más para mi sorpresa que volteo y era un bato de otra banda. No sé que me pasó por la mente; de repente mi camarada salió y le puso una tabla en la espalda y se le cayó el cuete; que lo agarro y que le pongo con el mismo, y a todos esos batos en sus casas ya los daban por muertos tal como a mí.

 

Yo miraba a mi jefa haciendo oración a altas horas de la noche pidiéndole a Dios por un hijo que para ella y la familia ya sentía muerto, o que un día lo llevaran tirado o masacrado. Pero a mí no me importaba todo eso, yo quería seguir mi loquera y defender mi barrio a muerte, al igual que todos los demás. Para mí, mi única familia era “mi banda”, porque ahí sí se me quería tal como yo era y si alguno le ponía, el otro se sacaba la espina; pero mi jefita no se daba por vencida y no se cansaba de pedirle a Dios por todos esos batos y por mí, para que un día cambiaramos.

 

Ella al igual que muchas madres suplicaban que nos encontraran para poden platicar con nosotros y demostrarnos su amor; pero nel, yo no quería saber nada de ella, y al verla venir yo me escondía o le corría para que no me viera y les decía a mis camaradas que si preguntaba por mí le dijeran que no me habían visto y que no quería saber nada de ella; y así yo hacía de mi vida lo que me diera la gana, y pasaba varios días sin llegar a la casa, porque en la banda construíamos casas de ramas y ahí teníamos lo suficiente para sobrevivir, y con todos los atracaos vestíamos bien y no me preocupaba por nada, porque para todo sacábamos.

 

Para conseguir loquera, a veces a media noche hacíamos agujeros en las ferreterías para sacar gran cantidad de pomo y thiner y varias cosas para vender y así tener para todo, pero después de varios atracos me dieron una apañada y yo sin saber que ya tenía ahí mi nombre y los de la banda; por tal motivo me quedé muchos días encerrado; y allí ví ese grande amor de una madre que no le importaba que su hijo estuviera taras las rejas, porque ella sentía que ahí yo estaba más seguro que andando en la calle.

 

Mas eso no fue suficiente para mí, porque al salir del bote volví a lo mismo y, después de varios días libres, llegó un bato ofreciéndome una feria para ponerle a otro bato que le andaba ganando a su morra. Nada más dijo “un paro y te doy una feria” y yo “¡sobres!”. Le dije a un camarada “vamos” y nos metimos al barrio contrario y lo único que sacamos fue una golpiza, de ahí recibí un piquete con un picahielo en el estómago dejándome varios días en la cama; con mi jefa a un lado, siempre en las buenas y en las malas. Los primeros días ella no sabía del piquete, hasta que un día me quité la camisa y me vió, ella se asustó y empezó a curarme. Ahí tirado en la cama varios días me preguntaba, ¿dónde están esos que dicen ser tus amigos?; pero no bastó, porque curándome salí a la calle por la espina y me la saqué igual y más gacho, porque en la “escuela de la calle” que tuve, me dijeron: “si te pone uno, tú pon dos o tres” y todos esos atracos que me enseñaron y muchas cosas cómo defenderme y para mí esa era mí familia.

 

Estando en una riña lejos del barrio, en pleno refuego y no siendo los suficientes locos para defendernos, me pusieron otro piquete en el mismo lado que en el anterior y me salí de esa bronca; pero ¿qué pasó después? Al igual que la otra vez mi jefa siempre conmigo; estuve tirado en la cama porque nunca quise ir al doctor, y me aliviané y seguí con lo mismo; pero salí un poco desubicado y no sabía lo que estaba pasando en el barrio, y estando en la esquina nos cayó un convoy de policías como en las películas y eran tantas unidades como chotas y reporteros y juntan a toda la banda, como sesenta cholos, y no cabíamos en las patrullas y jeps que traían con reporteros haciendo grabaciones; porque habían agarrado a una de las bandas más picudas en ese tiempo de todo Monterrey. Solo alcanzaron a correr diez batos que estaban en la otra esquina loqueando. Arriba de la patrulla les preguntaban a varios locos que por qué no los habían visto, dijeron que llegaron de fantasmas y, ni modo, a pasar tres días encerrados, todo por majes.

 

Saliendo, en la secundaria hicimos un atraco de unas computadoras y máquinas de escribir. Esa vez me quedé con una y, después de ese apañón, la tira tuvo más confianza para caerle al barrio y empezaron a hacer una recolecta de todos nuevamente, y en esa ocasión yo fui el único que no atracaron; y seguía con el desmadre y vinieron muchas broncas más; muchos atracos a mano armada, muchas caídas a tránsito de Guadalupe y seguía con mi cotorreo; y parece ser que nada ni nadie nos iba a detener.

 

Después vino una caída en el Consejo Tutelar por tres días, y ahí miré a mi jefa y pensé que ella y su Dios nunca me iban a dejar morir. Recuerdo que ese día estaba atorado le dije a ese Dios que si me sacaba la iba a llevar más tranquila; pero salí y nel, al desmadre otra vez. Saliendo de allí recuerdo que eran las cinco de la mañana, llego al barrio y le dije a mi jefa que se fuera a dormir porque en la esquina estaba la banda con una lumbre en la calle, listos para otro atraco; total, lo hicimos y nos cuajamos. En el transcurso de medio día en la secundaria llega la redada y nos apañaron y ahí nos quitaron manoplas con navajas, picahielos, navajas y desarmadores, y un oficial me preguntó que a qué horas había salido y les dije que acababa de salir; así me quite la paleta del atraco de la madrugada, y a mis compas les dieron un tiempo guardados.

 

SIN QUERAR OIR

 

Mi jefa siempre salía a buscarme, recuerdo que ella se ponía en la esquina esperándome, y cuando yo la guachaba le decía que se fuera para el cantón; pero ella contestaba que se iba a ir hasta que yo me metiera, y yo me iba con la banda y ella allí esperándome junto con las jefas de otros camaradas, ya cuando me rogaba que me fuera después de mucho rato le caía para el cantón; pero como quiera ella no dormía porque siempre me salía de nuevo. A mi jefa siempre la traté como a una sirvienta, ya que cuando llegaba bien loco ella me esperaba con una botana para el bajón. Yo la rechazaba y se la aventaba a la cara, y le decía que no quería ni madre, que se fuera a dormir, y al rato la levantaba para que me diera de comer y ella se levantaba siempre con disposición; me daba de comer y nunca ponía peros ni se peinaba. Por las noches siempre rezaba y lloraba por nosotros; era una madre muerta para mí, porque no quería a mi familia y la única que tenía era mi raza, a mi jefa nó. Hoy ya comprendo todo ese cariño de mi madre; no quiero que mi jefa se me acabe o que se muera, ya que sin ella yo no haría muchas cosas.

 

Después de tantas broncas en que quién sabe como hayan quedado muchos de los batos con los que nos bronqueamos; y después de muchos robos, lesiones y mucha loquera que utilicé como solventes, thiner, pomo, resistol cinco mil, zarolo, marihuana, coca, piedra y otras más, ya que con estas cada día en el barrio reinaba la loquera; la única ley era la de nosotros, la de los “cholos” y las bandas contras, pues que cada una tenía su cotorreo.

 

Después de esto vino para mí la bronca mas gacha. Era un sábado como a las siete de la noche y andábamos todos bien al punto, con muchas drogas diferentes; era cumpleaños de una de las cholas, y andábamos armados con toda la artillería que usabamos, y un bato hijo de un chinto la empezó a engruesar y que lo aplacamos a puros trompos, hasta que otro se metió a serle un paro y cayó el primero de un botellazo y unos trompos y no se levantó; pero al otro le fué más gacho, de volada un compa le puso dos navajasos, y el bato se defendió con la suya. Total eramos tres vatos para él y no la vió llegar. Nos divertimos un rato y llegó la redada y nos apañó y quedó abajo el bato todo ensangrentado con dieciséis piquetes en todo el cuerpo y arriba de una patrulla nosotros. Llegó el jefe del bato que preguntaba quién fue y los policías con los candiles en las manos nos aluzaban y dicen: “ellos”. El ruco se va y dice “se les va a arrancar” y nosotros “sobres” porque esperábamos los plomazos arriba de la patrulla; pero no fue así durante todo el camino que recorrimos nos llovieron madrazos de los policías diciéndonos “de esta no salen”; pero a nosotros no nos importaba, lo único que queriamos era hacer de agua a ese loco. Estuvimos unos días y cuando nos llevaron al Juez Calificador que me suelta todo lo que tenía en mi expediente.

 

Teniendo a mi jefa a un lado, el Juez empezó: “se te acusa por arma blanca, lesiones, daños en propiedad ajena, riñas, pandillerismo, daños a la autoridad, intento de homicidio, robos con violencia, robos casa habitación, cristalazos, arma de fuego……” y otras cosas pequeñas. Por tal motivo me daban sentencia de siete años de bote. Cuando mi jefa oyó todo eso, lloró; y ni modo ya era un poco tarde para arrepentirme. Pero lo bueno que nada más me avente tres meses en el Consejo, porque ese amor de mi madre fue lo que me sacó, junto con todas las oraciones que ella hacía por mí; por que en cada caída que tenía ella era la única que se tendía para sacarme a mí y mis carnales que empezaban también en el desmadre; ya no era uno, sino tres.

 

Ellos empezaron a loquear también por ver a todos como lo hacíamos y cuando ellos empezaron en las broncas no sabían ni qué. A mí siempre me sacaban en donde quiera que andaba porque mis carnales se andaban aventando un tiro, y uno de ellos quiso superar al maestro, pero no se le hizo, porque toda su vida de loco llevó la de perder, mientras el otro se la llevó un poco más calmada, y el más morro si me supero en mucho y no quiere dar su brazo a torcer. Los tres batos nos sentíamos los reyes del barrio, día a día nos acabábamos a nuestra propia madre. Cuando ella cotorreaba con nosotros en el cantón, lloraba y decía que por qué nosotros los más morros de la casa habíamos salido así y por qué siempre llegaban con nosotros para todo; y ella, cuando llegaba el viernes, siempre lloraba y no dormía; porque sentía que un día, de los tres, le iban a llevar a uno de nosotros muertos o apagar una condena. Casí siempre caíamos en esos días todos, y a veces los tres, y el sufrimiento de ella era grande por nosotros, y no se resignaba a perdernos por causa de la droga y la violencia.

 

Ella sabía que de día y noche había broncas por todo el barrio y casi siempre andábamos nosotros, y al día siguiente que salía en el periódico lo que pasó en el barrio, siempre había picados, golpeados y otros encerrados, y todas las jefas pagando las multas, todas traumadas.

 

Hubo un día que se cansaron por todos lados y empezaron a levantar firmas para que nos fuéramos toda la banda a otra parte y a nosotros nos dió más jiña y empezamos a brincar por todas las casas cuando nos perseguía la policía, y casi siempre las “ñoras” nos hacían un paro; pero no hay falla porque siempre ganábamos por todo el barrio. Y como a toda banda famosa, llegaban de otros lados a acoplarse al cotorreo de la clica del barrio, no importando edad ni sexo porque siempre caían también morras para juntarse con nosotros por ser los más “famosos”, según nos habíamos dado a conocer en el mundo del “desmadre”, porque siempre salíamos en el péipor o a veces en la tele o en el radio en los programas de policía diciendo que nuestro barrio era uno de los más conflictivo de Monterrey. Por eso nosotros nos crecíamos, pero no era lo suficiente para poder sobrevivir en el cotorreo, y era hacernos de más banda.

 

Un día llega unos veinte morros de ocho años en adelante que querían hacer banda con nosotros, y recuerdo que les dije a dos tres, “vengan” y los llevé a la secundaria y los puse bien tinacos y otros bien pomos, y a ellos les gustó, y ahora sí siempre andaban con nosotros en todo; para esto yo ya había probado casi todas las drogas que reinaban en el barrio, y cada vez quería más y no llenaba.

 

BATALLA CAMPAL

 

En una ocasión teníamos un porinis porque habían llegado unos cholos del gabacho y era hora del cotorreo y traían una loquera chida para todos, y sacaron coca, heroína, piedra, peyote, solventes y mota. Ya bien loco me bajé y que me atraca la ley. Nunca lo hubiera hecho porque se bajan los compas y empezó una masacre hacia la autoridad que nada más servía para extorsionar a las bandas, por eso nadie los quería. Por la noche, estando el gran número de la banda por todas partes del barrio, se me ocurrió ir a dar una vuelta por el barrio de la Fome 7 donde estaba un campo que era el de la guerra para todas las bandas de allí. Cuando iba caminado con un compa de la clica, que nos tiran unos pedradones y me regreso y bien felón, y que nos sacan bien fuidos con un cuete en mano. Llegamos a un límite y chiflamos para el barrio. Cuando venía la banda de nosotros salió un puño de ellos machín y los cholos llegaban, llegaban. Ya estando en el campo la mayoría de nosotros, que empiezan a ventar bombas molotov por todos lados. Nosotros nos defendíamos con dos o tres cuetes en mano. Vimos que allí nos habían puesto un cuatrote porque estaban todos los demás y en gran número; pero no nos cabreamos y mandamos a unos a otras colonias para emparejarnos y así empezó la riña que iba a durar un gran rato de horas; pero de repente empezaron a caer algunos de nosotros por varios puntos, y en eso gritó uno de los más morros “¡sobres!” y que empezamos. Después de que yo recibí varios riscazos en la espalda y un blockazo en la cabeza que me sacó de onda por un rato, que me paro y veo a un camarada que lo estaban masacrando entre dos bien machín, y que agarro la navaja y le puse a uno por la espalda mientras que el otro quiso correr y le puse un blockazo en la cabeza. Cuando a nosotros se nos estaba bajando la dosis de la loquera que nos estábamos dando gusto al golpear a todos esos locos que se habían unidos para hacernos de agua; pero nel, porque ellos cuando miraban el momento más fuerte de la bronca siempre corrían y dejaban morir a varios de ellos y casi siempre lo hacíamos como queríamos. De repente se paró una patrulla en medio de la bronca. Cuando los batos prendían las torretas, les llovió de todo y hasta los volteamos y, ya con las llantas para arriba, les aventaron una molotov; pero tuvieron suerte porque no les explotó y mandaron pedir refuerzos y, sin darnos cuentas, llegó un gran número de patrullas del área metropolitana. Cuando corríamos hacia el barrio, levantaron a todos los que se habían quedado en el campo masacrados y luego agarraron parejo, como siempre, al primer cristiano que se les apareciera aunque no sepan nada. Para esto yo ya estaba en el cantón con mi carnalillo, pero faltaba uno. Cuando mi carnal se metió al cantón, que llega todo el operativo con un comandante bien mascón. El bato se metió al porche y adentro del cantón empezó otra riña con los policías; pero aquí si perdimos, porque cuatro para cincuenta policías era mucha ventaja, porque en el barrio era defenderse a morir, no le hace cuantos sean los rivales, y adentro del cantón quise sacar el cuete, pero me llovieron madrazos por todas partes y, lo más gacho, que a mi carnalillo se lo bañaron bien machín, y yo a todos los que ví jamás se me van a olvidar por lo que hicieron, y los había sentenciado que cuando los viera les iba a poner y a tumbar por haberse metido al cantón y habérsela bañado con dos carnales más grandes que yo, que no sabían ni qué onda; pero les fue mal porque hasta visitaron el pintón sin deberla ni temerla; y mi jefa otra vez se movió por todos lados y los sacó pagando un billete pesado y se aventaron un gran rato firmando todos los lunes.

 

El día que ví a unos polichoches en el barrio les pusimos un cuatro; les tapamos las calles de la secundaria y no había salida por otra parte y tenían que bajarse a quitar las piedras y ramas para poder pasar.

 

Cuando los batos se bajaron, que nos brincamos las casas, la secundaria y la casa donde siempre estábamos, “la de los cholos”, y de repente le salí a uno y le dije, “¿Se acuerda, puto?” y que le pongo con un bate que hasta que le tumbé el casco y nos dimos gusto golpeándolos, les quitamos todo y la camioneta la aventamos para el monte que estaba atrás del barrio, y a ellos los mandamos a pie; y recuerdo las motillos que traían cuando los amarramos en el monte, ahí les quitamos las motos y nos paseamos todos en el campo con las motos de los policías, que no sabían en donde andaban. Estando bien paseados, las aventamos en unos pozos o las amarramos en las torres, porque la banda no se dejaba de nada ni de nadie, ni los “verdes cholos” que eran los más morros.

 

El tiempo que lidereé a los cholos no me la acabé, le pegué al héroe y para todo yo andaba adelante, siempre sacando punta, hasta que un día me dieron un plomazo en el pie derecho; fue cuando mi jefa me tuvo más tiempo en la casa tirado en el sillón todo el día por unos seis meses, sin salir a la calle. Ella me llevaba braveado, porque yo no quería ir al doctor éste me dijo que me quería mochar el pié por infección, pues dure un rato sin ir por seguir pisteando y loqueando. Yo le dije “nel, mejor así déjamelo ése”. Tengo un primo que es doctor que trabaja en el pintón, él vino hasta el cantón y él mero me alivianó y salí por la espina otra vez, aunque cojeando, pero decidido para lo que viniera. Seguí en el cotorreo, pero ahora sí un poco más calmado y nada más en el barrio.

 

LLEGA UNA BANDA DE LUZ

 

En ese tiempo que estuve encamado ya había llegado otra banda más pesada que la de todos nosotros juntos, y con un líder que con él nadie podía y yo no sabía. Un sábado como a los ocho de la mañana llegaron a mi cantón preguntando por mi carnalillo; salgo y veo en la esquina como a veinte de la banda y a unas monjas, morras y otros batos que me invitaban a un día de campo. Yo no quería ir, pero me insistieron tanto, que le caigo y me llevaron a un cotorreo chido que la banda no estaba aceptando, pero como quisieron que yo fuera, los pongo a escuchar las platicas de las Madres, y estaba chido todo lo que nos dijeron, y que nos iban a visitar al barrio en la esquina más seguido, pero que no llevaran batos de abajo porque les poníamos con todo y ellas. Total, llegamos al barrio otra vez, y seguí con el cotorreo un poco más calmado porque las Madres le estaban cayendo a todas las bandas cuando había todavía broncas.

 

Mientras yo me quede un poco más reposando la herida, ellas seguían haciendo su jale con los míos. Ya cuando un poco más alivianado salí, oía todo sobre los jales del barrio, y yo con un poco más de conciencia ya no quería saber nada de broncas y dejar morir el barrio; y las broncas seguían y nadie daba su brazo a torcer y yo no iba a ser de los primeros, y si querían broncas las iban a tener; pero creo que las broncas para nosotros ya la llevamos de perder con un bato que no conocíamos.

 

Un día hubo una bronca por toda la Plan de Ayala, otra cuadra del barrio que no descansaba ni un momento porque todo el día había broncas con otras bandas. Esta bronca surgió por un morro que le quitaron la baica y salieron batos por todos lados que no se sabía ni quién era uno u otro. La bronca estaba en pleno apogeo, y yo no sabía, cuando llegan y me sacan de donde estaba con un chiflido del barrio.

 

Salí y me dicen “ya se hizo con los de abajo”, y que corro por el cuete, que lo tenía clavado en un árbol de la esquina. Cuando yo iba corriendo para abajo miraba gran parte de los míos tirados por todos lados, porque era una masacre, y volteó y miro a un bato entre los árboles, quejándose, no podía más, estaba todo ensangrentado. Llego y le digo “¿qué onda, buey?”-“Nel, ya me pusieron y no puedo más”. Sigo adelante cuando varios se regresaban ya descalabrados y picados, por fin llego adelante cuando sale otro, con una mano en el ojo, y decía “ya me fregaron, Rollo, sobre ellos”.

 

Cuando llegué, al primero que agarré le puse una daga en el pescuezo y le dije “ya te llevó la fregada”. En eso llegó otro camarada y le puso con una piedra en la cabeza, dejándolo casi loco. El bato lloró con el fierro en el cuello, después salen parte de ellos por una esquina y los agarramos de tiro al blanco, y sí le pusimos a varios y nos volvimos para atrás porque ya oíamos las torretas de la ley.

 

Al siguiente día en la esquina, en le tienda azul, estábamos como veinte de los más grandes planeando espina, pero ahora sí hacerles de agua a varios de ellos que traíamos en mente. Ya cuando teníamos todo planeado llego un bato diciendo que no quería nada por ahorita, porque no quería broncas hasta más de rato; pero nel, al bato lo visitaron las Madres y platicaron con él y le dijeron que, siguiendo en las broncas no ganábamos nada; por eso lo convencieron que mejor perdonara al que le puso, mientras la mitad del barrio no aceptábamos y queríamos acción todavía.

 

UNA LUZ EN MI VIDA

 

Después vino lo que me convenció. Mi madre me dijo que para una madre, un hijo muerto era como quitarle un pedazo de su vida; y ese sábado por primera vez bueno y sano, ví lo que es llorar a una madre por un hijo que para ella era todo en la vida, y –si por ella fuera– daba la vida para que no le pasara nada. En eso llega mi carnal con dos piquetes en la espalda diciéndome “me pusieron, ni modo me tocó la de perder”. Yo con mucha jiña vi llegar a mi cantón varios locos de la banda por la espina, para ir sobre ellos; pero vi también cómo mi madre sufrió por ese hijo y pensé que si matábamos a uno de ellos cuánto iba a sufrir la madre de ese bato que íbamos a tronar, y lo pensé mucho y les dije a los de la banda “ahí voy para la esquina” y con una actitud chida llego y pregunto por mi carnalillo y la banda me dijo que andaba por la espina. Mandé a tres que le fueran a hablar, mientras tanto yo cotorreaba con los demás y le dije por primera vez: “no quiero saber nada de broncas, todo por mi jefa”. Y otro dijo “sobres, yo mero le pongo unos plomazos”, y todos querían la espina. Total, llega mi carnal y le digo “vete para el cantón y espera a la jefa a ver que te dice”. Bueno, llegan y mi carnal se quedó internado con problemas de quedar paralítico y me agüité, pero no me daba por sacarme la espina: Me dijeron que me querían a mí y, como yo nunca me les ponía de modo, le pusieron al más maje. Voy tendido a ver si es cierto y otra vez los hicimos de agua, como siempre, y desquitándome lo de mi carnal, pero nada más un leve y poniendo la ley de nosotros: “si te ponen uno, tú pon tres”

 

y así fué todo esto.

 

Y las Madres nunca bajaron bandera, nuevamente volvieron a caer al barrio pero con un grupo más numeroso de batos y morros y empezamos la charla con ellos y nos invitaron a un campamento con todos los batos contras de nosotros. “Cómo, nos llevan a la muerte de ellos o de nosotros”, pensábamos. Pero ellas decían: “nel”. Y yo me quedé cabra porque hablan nuestro mismo lenguaje banda. Y así cada día el cotorreo con ellas era más chido; total ellas siempre nos hablaban de DIOS a quien nosotros no conocíamos ninguno del barrio. Fuimos entrando en confianza con las Madres y PAGE y nos invitaron a un campamento donde iban a ir muchas bandas mías. Y pasó que un día antes del campamento nos bronqueamos con otra banda y masacramos a varios de ellos chido; pero me quedé con la espina de ponerle al bueno de la banda y que voy con seis de los míos hasta su barrio, y se cabrearon todos; pero apareció un bato con un machete y dijo”nadie se cabreé”; y un bato que lo calma y nos dimos la mano todos para hacernos un paro en el campa.

 

El día del campa fueron por mí las de PAGE al barrio. Yo no quería ir, pero sobres, acepté porque me pusieron mucho gorro y me llevé nada más a dos. Llegamos con las Madres y estaba toda la banda contra y se las hice de bronca para regresarnos. Y no, los batos no querían saber nada y yo miraba a varios locos haciéndoles un paro a las Madres.

 

Arriba del camión se me acerca el Mundo Harley y me dice “qué onda loco, chido que viniste” y sí carnal miraba que andaban pegados con las Madres.

 

En esos tres días conocí a JESUS y El me hizo renunciar a todo lo que me estaba dañando y me ayudó mucho la charla que tuve con un bato de Guadalajara que las Madres me habían montado para cotorrear. Los batos me hicieron que le pensara por todas las cosas que me dijeron, y además que el único fregón era JESUS y que no había nadie más, que El era el único que las puede sin nada, que El me había salvado de todas las broncas en que anduve, y que todos los batos que había eran mis carnales, y que no importaba cuantas veces nos habíamos bronqueado, que como quiera eramos hijos de DIOS y que DIOS NOS AMABA.

 

Nos pedimos perdón por todo lo que habíamos vivido, para que el campa fuera más chido, y yo tuve charlas con batos más pesados que me hicieron agarrar la onda para poder cambiar, y entendí que sin DIOS no podía. Total, volvimos al barrio ya un poco más calmado, pero no bastó para poder cambiar y dejar todo lo que me tenía atado.

 

Una vez en el barrio estábamos pisteando y de repente sentí lo más gacho y me dolió el corazón después de tanto tiempo, porque me hablaron del cantón y fui, y para mi sorpresa encontré a mi jefa llorando por segunda vez, pero ahora más gacho porque había caído muerto mi carnal en mi propio cantón. El era un bato que no daba problema alguno y era un morrito pequeño; pero yo ya conocía a DIOS y le dije hasta lo que no, preguntándole ¿por qué un bato que no tenía vicios, que no fumaba, que no pisteaba? ¿por qué un bato que en la cuadra lo querían por ser una persona a toda madre? ¿por qué no yo, que le dí muchos problemas a mi jefa, que estuve a punto de perder la vida varias veces en tanto desmadre? Cuando de repente se me apareció DIOS en dos madres que visitaron y me dieron su apoyo en todo momento, que junto con toda mi banda estaban presentes y decidí aventar el arpa a la fregada junto con toda mi banda y que siguieran dándose en la madre pero sin mí.

 

Dejé por un rato el barrio y seguí cayéndole al cantón de las Madres, ya que ellas y las de PAGE estaban dispuestas a hacerme un paro en el momento en que me hiciera falta.

 

Empecé a ver muchos locos que me daban la mano chido por donde quiera que pasaba, y ya siendo del grupo”B.U.B.” caminaba tranquilo por toda la colonia sin que nadie me dijera nada ni esos batos que había fregado y me dije que ese DIOS era capaz de cambiar el barrio de los cholos:

 

PARA QUE SIGA DANDO TESTIMONIO VIVO

PARA QUE CREZCA BANDAS UNIDAS PARA EL BIEN

PARA QUE MI JEFA ESTE CONTENTA CON UN HIJO ALIVIANADO

PARA QUE SIGA REINANDO DIOS EN TODOS LOS BARRIOS

PARA QUE HAYA MENOS LOQUERA Y MENOS BRONCAS

PARA QUE SIGA LLEVANDO SU AMOR AL MAS NECESITADO

PARA QUE NO HAYA MAS JEFAS LLORANDO POR TANTOS HIJOS PERDIDOS EN LOS VICIOS.

 

AHORA QUE CAMINO CON DIOS, ME DOY CUENTA QUE EL ES EL UNICO LIDER POR ENCIMA DE TODOS NOSOTROS Y QUE SI LAS PUEDE, Y QUE ES CAPAZ DE CAMBIAR A CADA UN0 DE NOSOTROS AUNQUE HAYAMOS HECHO HASTA LO QUE NO.

 

GRACIAS SEÑOR, POR HABER ENTRADO A MI BARRIO Y A MI CORAZON Y POR HABERME SANADO DE TODO PECADO Y POR NO QUITARME A MI JEFITA Y POR PERDONARNOS A CADA UNO DE NOSOTROS.

 

AMEN.

 

PREGUNTO DIOS A UNA MADRE:

¿A CUAL DE TUS HIJOS QUIERES MAS?

Y ELLA RESPONDIO:

SEÑOR:

 

AL AUSENTE, HASTA QUE VUELVA

AL ENFERMO, HASTA QUE SANE

AL TRISTE, HASTA QUE ESTE DE NUEVO ALEGRE

AL PRESO, HASTA QUE RECOBRE LA LIBERTAD

AL QUE SUFRE, HASTA QUE SE SIENTA CONSOLADO

AL MALO, HASTA QUE OTRA VEZ SEA BUENO

AL QUE LE FALTA TODO, HASTA QUE NO LE FALTE NADA

AL DESCARRIADO, HASTA QUE RECOBRE EL BUEN CAMINO

AL QUE ESTA SOLO, HASTA QUE NO PADEZCA YA SU SOLEDAD

 

CONMOVIDO DIJO ENTONCES DIOS:

 

NO SE POR QUE DUDAN ALGUNOS DE QUE HAY UN DIOS

EN EL CIELO, SI HAY MADRES COMO TU EN LA TIERRA.

 
 
 
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